Este sábado volvimos a vivir en Llambría una de esas mañanas que unen, animan y dejan huella: la edición de abril de la Paella Solidaria Familiar.
Desde primera hora, los “paelleros” ya estaban encendiendo los fogones mientras iban llegando familias enteras con la energía habitual: niños correteando, padres y madres saludándose con alegría y ese ambiente tan nuestro de “qué bien estar aquí otra vez”.
Como siempre, nos organizamos en equipos:
Cocina, preparando las grandes paellas con mimo y buen humor.
Empaquetado, donde mayores y pequeños trabajaron codo con codo.
Distribución, llevando las raciones a los comedores sociales que atendemos cada mes.
En cada uno de estos pasos se respiraba algo muy sencillo y muy grande a la vez: servir juntos. Esa mezcla de trabajo alegre, conversación espontánea y pequeños gestos de cariño que hacen que la mañana pase volando.
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